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Relato de una depresión

  • gorkadiez8
  • 10 feb 2022
  • 3 Min. de lectura

Pese a su fama de cantautor torturado, hay muchísimo humor en el cancionero de Nacho Vegas Y Todos Ellos: “y unos me llaman chaval / otros me dicen caballero / alguno no se ha querido pronunciar” ("El hombre que casi conoció a Michi Panero"), “leo entera La Razón” ("Dry Martini S. A."), “por allí viene Marián, divorciada y liberal / tuvo algún amor, pero quién los quiere hoy si hay Vandral / se echa vodka al té y se siente culpable si no va a votar” ("Actores poco memorables"), “no quería hacerlo pero tú insististe / y vi tu cara triste cuando te corriste” ("Ciudad Vampira"), “y en dos minutos a la vez llegaron policía y guardia civil / se enzarzaron entre ellos, yo aproveché para huir” ("La vida manca"), “y si un día nos agobia el mercado / pues ya se autorregulará” ("Ámenme, soy un liberal"), "lamento decir que pierde un montón / tan solo con abrir la boca / su actor favorito es Toni Cantó” ("Mi novio es bobo"), o la “diarrea” colectiva que es "A ver la ballena".


Pero apenas hay rastro de humor en su nuevo disco, "Mundos inmóviles derrumbándose". Aunque el asturiano compensa dignamente la marcha de algunos de sus músicos, sobre todo la del teclista Abraham Boba (León Benavente), con notables incorporaciones como la de Ferrán Resines o Juliane Heinemann y un sonido más acústico que rockero, los instrumentos de cuerda subrayan una tristeza a mi entender insoportable en la muy valorada "El don de la ternura" ("Ser árbol" era otra cosa). Y en casi todo el álbum. Nada que ver con la atmósfera cruda, inquietante, misteriosa, que aportaban los teclados del gran Boba a temas como "Bajo el puente de L´Ará", "Dry Martini S.A". o "La gran broma final".


La única excepción es muy la pegadiza “canción panfleto-bomba ”Big Crunch, donde sobresale una crítica a los CIES y al ministro Grande Marlaska con un optimista “siempre hay luz tras tanto oscuridad” y un bonito homenaje a la defensora de las causas raciales, y gran artista, que fue Nina Simone.

Todo lo demás, pese a tratarse de un disco muy personal, de calidad, suena demasiado a depresión, con letras en torno a la soledad y la muerte donde priman las impresiones personales (un estado anímico por los suelos) sobre la narratividad que encontrábamos en "Bajo el puente de L´Ará", "(Pasamos) el negrón" o "A ver la ballena".


Ya desde el principio se atisba un cambio de rumbo a los infiernos con "Belart", muy bien arropada por Maite Arroitajauregi, de Mursego, cuya melodía recuerda a las canciones más crudas y retorcidas de "El manifiesto desastre" pero con la muerte de una mujer joven empañando cualquier atisbo de esperanza: “Qué fácil es para una rosa morir / no se oye ningún lamento / qué duro fue para ti sobrevivir / después de otro aplastamiento”.



Y, como ocurriera en "Blanca", más que ausencia de la amada, da la impresión de que la falta de cierta sustancia tóxica, y la conciencia de su capacidad destructora, es la que le impulsa a componer temas como "La séptima ola" o "Esta noche que nunca acaba" (preciosa melodía aunque muy parecida a "El último crooner santo", de Fernando Alfaro).


"El mundo en torno a ti" tiene también una emotiva parte final, pero de nuevo resulta desoladora en exceso. Y no me termina de convencer la algo más animada y esperanzadora "La flor de la manzana", con ese cambio de acento a la palabra ‘casino’ para mí impropio de un compositor que siempre se ha caracterizado por cuidar el lenguaje.


Queda para la memoria la costumbrista "Ramón Inn", una especie de "El ángel Simón" dos pero con la letra menos desarrollada y mucho menos perfecta en la carrera de uno de cuyos personajes, Juan, no da la impresión de que vayan a venir tiempos mejores: “Juan salió a correr por el muro / subió al cerro y siguió corriendo aún más / como si no hubiera un futuro”. #NachoVegas #mundosinmoviles #OsoPolita

 
 
 

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